A veces nos enfocamos demasiado en tratar de tomar imágenes perfectas. Nos envolvemos en tratar de controlar demasiado el ambiente, o nos enfocamos tanto en un proyecto y en cómo queremos que salga el resultado que se nos olvida que hay momentos en los que simplemente hay que detenerse por un momento y observar.

Cuando salimos hacia Luquillo este día en particular, lo hicimos con la expectativa de simplemente compartir. En el proceso, me empecé a percatar de las cosas que me rodeaban.

Palomas caminando por la arena en busca de comida. Changos acosando a bañistas mientras esperaban que a alguien se le cayera algún pedazo de pan o de papitas. La manera en que las olas abrazaban y bailaban entre las piedras. Detalles que, en cualquier otro momento, o quizás en otro estado de ánimo, hubiesen pasado desapercibidos.

Hay momentos que nunca se vuelven a repetir. Hay otros que, a pesar de ser el mismo lugar, no vuelven a ser iguales. Cada momento es único. Y aprender a reconocerlos mientras pasan es una de las mejores herramientas que he podido desarrollar gracias a la fotografía.


Les dejo varias imágenes de los momentos mencionados, al igual que dos o tres imágenes adicionales.